Los riesgos psicosociales son como las capas de una cebolla, y al igual que esta, pueden hacernos llorar. Si bien en primera instancia se concentran en el puesto laboral, el tema trasciende sus límites para adentrarse en la forma en que se gestiona y organiza el trabajo, e incluso más, traspasa las puertas empresariales para interrogar a la sociedad y a las políticas, prácticas y procedimientos más amplios que rigen el mundo del trabajo en cada país.
Tal complejidad explica que Naciones Unidas ponga el foco de este 28 de abril en la defensa de un entorno psicosocial saludable. En los últimos años, factores como la carga y el tiempo de trabajo, la claridad de los roles, la autonomía de las personas, el apoyo que reciben en su desempeño y la transparencia de los procesos han cobrado cada vez más protagonismo en el paisaje laboral cotidiano. Hoy se entretejen con la salud mental y el bienestar emocional y se convierten en inductores evidentes de los índices de absentismo y de enfermedades profesionales.
Hace ya mucho que la salud y la seguridad laboral no se restringe a los riesgos físicos, químicos o biológicos. Por ello, se requiere una prevención cada vez más basada en las herramientas científicas de valoración psicosocial cualitativas y en programas de bienestar global..
Desde SIE apoyamos este enfoque psicosocial, junto al resto de tareas preventivas, y con una perspectiva centrada en el respeto a nuestra esencia humana y a la diversidad (demográfica, de género, cultural y de todo tipo).
El 28 de abril tiene su precedente en el Día Internacional en Memoria de los Trabajadores Fallecidos y Heridos, una iniciativa del movimiento sindical que se remonta a 1996. En 2003, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), única agencia tripartita de la ONU que reúne a gobiernos, empleadores y trabajadores de 187 Estados Miembros, recuperó esta fecha como un hito mundial para promover la prevención de riesgos laborales.
